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sábado, 11 de enero de 2014

Lista de cosas que me hacen feliz

Después de una horrible depresión invernal, de esas que son como cruda después de borrachera de dos días seguidos, cargada de una tristeza inconmensurable, he llegado a la conclusión de que necesito varias cosas en mi vida para ser feliz. Para sonreír.

Necesito sol. El frío no es lo mío. Además de tener que lidiar con esa horrible alergia que me da, y parecer una copia del monito de Michelín de tanta garra que hay que ponerse para no tiritar de frío, tengo que ver el sol para saber que es otro día. Sentir el calorcito quemando mi cara. Los días nublados no son para mi. Es cierto que vivo en un insomnio constante, pero disfruto tanto los días, que para mi la luz del sol es vital. A los que les gusta tanto el cielo nublado, se los regalo. A mi déjenme tirarme al sol como una verdadera lagartija.

Manejar mucho, sin prisa, cantando a todo pulmón. Para poder hablar con mi Maricruz Barrales interior. A veces me hago la loca y no la escucho, y manejar es una de las cosas que provoca ese diálogo, a veces evadido pero necesario.

Sexo. No hay mucho que decir. Pero eso de liberar endorfinas se siente tan bien...

Hacer travesuras. Si, ya se que hay que ser adulta, y que una ñora juvenil tiene que guardar la compostura, pero perder el estilo de vez en cuando no le cae mal a nadie, y menos si va a provocar un dolor de panza de tanta risa. Hacia tanto que no me reía hasta perder el aliento que cansé, jajajaja (me acuerdo y me vuelvo a reír).

Mi osito de peluche. Cuando tenía como ocho años, una vez mi papá me dijo que iba a cumplir 15 años y que iba a seguir durmiendo con ese oso. Ya tengo 33, y sigo necesitando mi oso para dormir en santa paz.

Escribir. Tal vez lo que escribo (y algunas veces publico), no tenga nada de relevante. Pero es de las cosas que me hacen feliz. Es como platicar conmigo siendo yo, pero desde el exterior.

Estas son algunas de las cosas que me han hecho feliz y que, seguramente, me volverán a hacer sentir rebién.

Probablemente aumentarán, pero por lo pronto voy a disfrutar del sol, antes de que el siguiente frente frío haga de las suyas y traiga nubes al cielo azul.

Y si me ven como lagartija, tirada en una banca, no es que esté perdiendo el tiempo, estoy tomando el sol, ja!

domingo, 15 de diciembre de 2013

¿Y el proyecto de vida?

El otro día Ximena, alias la dueña de mis quincenas y aguinaldos, me platicaba que le habían dejado hacer un ensayo, de su proyecto de vida. En un inicio la idea me pareció un poco deschavetada, ¿qué va a saber una niña de 11 años de lo que quiere hacer o no en la vida?

No me malinterpreten, claro que sabe que quiere ser repostera, pero habiendo tantas cosas por descubrir aún del mundo, ¿por qué limitarla a lo que ha visto en apenas 11 años de existencia en el planeta?

Ok, es una tarea y a veces hay que ser tolerante con el plan de estudios, y siempre es bueno tener un mapa (aunque ese mapa a veces tiene errores de ubicación) del sendero que se recorre.
 
Y entre más vueltas le doy al asunto, se me sigue haciendo muy tonta... ¿O a que edad se supone que debemos de definir nuestro camino en la vida? ¡Yo a los treinta y pico aún no se que hacer en la mitad de las cosas que tengo que tomar un rumbo!

Además, ¿quién no se ha perdido en el camino con todo y mapa? A mi a veces el Google Maps de la vida me ha fallado, y con esas extraviadas he tenido que andar recorriendo el mundo por calles horrorosas o he descubierto cosas lindas.

Yo una vez pensé que mi camino ya estaba definido, y cuando decidí cambiar de rumbo descubrí tantas cosas geniales que ha sido el viaje más divertido que he emprendido: tuve que extraviarme en la ruta para encontrarme conmigo.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

La misma de ayer... Dice la canción

A mi no me gustan mucho las canciones de Luis Miguel, y menos La Incondicional, pero hoy que "casualmente" escuché una parte, me quedé pensando que es como mi karma, me sigue para todos lados... "El síndrome de la incondicional".  

Hay dos tipos de personas: l@s incondicionales y/o l@s LuisMigueles.  Las primeras son esas personas tercas e insistentes a las que les cuesta trabajo darse la media vuelta y que siempre están ahí para ver que necesitan los otros. Los LuisMigueles son esos a los que les importa un cacahuate, y por muchas complicaciones que tengan en la vida, siempre habrá alguien que los ayude a salir del hoyo.

No es por hacerme la importante (y tampoco me refiero a alguien en particular) pero casi siempre me toca estar del lado de la incondicional.

¿Qué andas apretado de varo? Ahí va una lana, ¿qué te robaron el coche? Vamos a buscar tu auto, ¿que te agarró al anti-alcohol? Ahí va Merry a sacarte del charco, ¿qué te dejó tu chava? Aquí anda el paño de lágrimas. Etc, etc...

A veces me gustaría ser del bando de los Luis Migueles, nada más que me acuerdo de las veces que se me ha ocurrido hacerme la necesitada, me batean.

¿O será que cada quien tiene su incondicional o su Luis Miguel? Por lo pronto a ver si alguien se pone incondicional y me apapacha con un café :D

lunes, 21 de octubre de 2013

Si le rompieron el corazón, coma chocolate

Hace mucho que no sentía esta sensación, así como de que me voy a enfermar. ¿Ustedes que sienten cuando se les rompe el corazón? A mi me duele la cabeza, la frente para ser exactos. A veces de tanto llorar y otras de aguantarme esas ganas de abrir la llave. Me duelen las piernas, como si estuviera cansada de caminar. Se me va el apetito y sólo tengo sed. Supongo que es para reponer el agua que sale de mis ojos como regadera. Es como la cruda del alma después de haber estado borracha de endorfinas.

Después de todo no es tan malo, justo en el momento en el que te sientes peor, ese es el mejor momento... Porque ya no hay para donde caer y lo que venga va a ser mejor que lo que estas sintiendo.

Hay días en los que pienso que yo a alguien le debí de hacer algo muy gacho porque no se que karma estoy pagando. Se me hace que el novio que corté en el antro me echó la maldición jajajaja.

Si yo he tenido un defecto cuando me mandan a Chihuahua a un baile, es que lucho, aunque sepa que no voy a llegar a ningún lado. Pero ese es tema de otro post.

Pero ya otras veces me lo han hecho cachitos. Cuando era niña pensaba que a los grandes no les dolía el corazón y mucho menos se rompía. Que equivocadota me di. Se siente igual, la diferencia es que aprendemos a llorar para adentro. A hacer de cuenta que no se siente nada y nos volvemos workaholiks felices, deportistas extremos, posteadores incansables, socialités habituales y todo eso que usamos para no pensar y distraernos de lo que debería de ocuparnos.

Pero no dura para siempre. Ni la felicidad más grande ni el dolor más intenso son eternos. Afortunadamente. Por eso me gusta disfrutar mis crudas del alma. Quien sabe si vuelva a tener una. Y si en algo no me he equivocado, es que siempre es porque llegará algo mejor.

Como sea, para el dolor de cabeza siempre hay un paracetamol en forma de chocolate que ayuda a hacer llevadera esa sensación de querer llorar en el momento menos indicado.

Eso siento cuando se me rompe el corazón. Comper, voy por mis curitas, ja!

viernes, 18 de octubre de 2013

¿Y el tren?, ¿ya se me fue?

¿A qué edad se te va el tren? He de reconocer que en algún momento he pensado que ya se me fue o que se me va a ir. En realidad lo pensaba, pero cuando era una chamaca de veintitantos... Ahora me importa un cacahuate.

Claro que la presión social es bien canija, y de esa, nadie se salva. Una vez hasta Ximena me hizo el comentario pispireto: "¿qué no piensas tener novio mamá?" ¡Ni que fueran limones Ximena! Una no va al supermercado y pide un novio envuelto para regalo. Y de los anillos de compromiso mejor ni hablamos, ya he externado mi opinión sobre ese tema y la conclusión que tengo es que sirven para todo (hasta para empeñarlos), menos para mantener vigente un compromiso.

La cuestión aquí es ¿cuándo empezamos a tener urgidez? O urgencia... Prisa por tener novio, marido, pareja, peor es nada, o como quieran llamarle. Y evidenciamos esa carencia.

Si, yo reconozco que a veces me entra la cosa esa de decir, "quiero un novio que invite las palomitas y me diga que pasa por mi a las 8". Pero luego recuerdo que nunca salgo a las 8, que me choca que me presionen para apurarme y que las palomitas siempre las cambio por una crepa de cajeta.

En pocas palabras sería una muy mala novia y sobre todo, muy mamona.

Además yo suelo tener esa rara costumbre de sabotear las posibilidades. No crean que le echo mucha crema a mis tacos, pero de repente hay quien se anima a invitarme a salir (aunque usted no lo crea). Y sólo es cuestión de darme cuenta que puede llegar a ser algo serio, para agarrar mis tenis y correr en la dirección contraria lo más pronto posible.

Tampoco piensen que ando coleccionando pretendientes a granel, por aquello de que tengo un buen amigo que dice que no tengo llenadera. El chiste no está en traer a 20 individuos atrás de tus huesitos. Lo divertido del asunto es que si hay un muchachón que te trae cacheteando la banqueta, tenga ojos para ti. De nada sirven chorrocientos galanes, si ninguno te gusta.

No me hagan mucho caso, tal vez a mi ya se me fue el tren y no me he dado cuenta. Por eso ya estoy esperando un avión, es más útil cuando de cruzar el charco (otra vez!), se trata, ja!

martes, 1 de octubre de 2013

A veces, el mundo tiene que aguantarme

La verdad, la mayor parte del tiempo me caigo bien. Pero hay días, como hoy, que me caigo tan mal, que ni yo quiero hablar conmigo. Y el origen de ese terrible desencuentro es que me aguanto. Si, me aguanto los enojos. Y termino por andar con cara de pocos amigos para el mundo.

Ese es mi peor defecto. No decir que me molesta algo de verdad, hacer como que no pasa nada y terminar con un genio de los mil demonios.

Llámenlo drama juvenil de secundaria o pónganle como quieran, pero me tomó muy en serio los compromisos. En general. Si quedé en llegar temprano, llego temprano. Si me comprometí a ir a 3 fiestas, voy a las 3 (voy a todas, no me rajo). Y espero que la gente en general haga lo mismo, cosa que en algunas ocasiones no ocurre.

A lo mejor es un berrinche, como dice mi papá. Que siempre hago berrinche cuando las cosas no salen como quiero. Si, ya mi tolerancia está muy desgastada. Pero esto de manejarse sola por el mundo, genera este tipo de inconvenientes.

El compartir, hacer equipo con alguien más, aguantar vara, se va volviendo complicado. Y es que en realidad ya no hay necesidad de ceder de vez en cuando para llevar la fiesta en paz. Se vuelve un monopolio sentimental.

Tampoco es para decir que soy el ser más egoísta del mundo. Sólo es eso, implica un grado más elevado de dificultad.

En fin, a veces es difícil para el mundo aguantarme, pero en todo caso, ¡para estoy yo! ¡Ja!

Este blog anda muy abandonado, pero pronto sentirá el rigor del hábito... Otra vez :)

domingo, 11 de agosto de 2013

Tan singular como yo...

Hoy me di cuenta que soy bien ermitaña. No me molesta, al contrario. Siempre hablo de lo que hago en singular, hace mucho que deje de hablar en plural.

Mi tarde de domingo fue muy amena. Me fui de turista al centro de la ciudad. Claro que por ser domingo, todo estaba cerrado jajaja... Pero encontré muchas cosas que por lo general no veo. Y eso que paso por ahí casi a diario.

Y justo ahí fue donde me di cuenta que es bien raro que diga un "nosotros", o en todo caso "nosotras". Ya no se si con el tiempo me he hecho muy mamona o es la comodidad. La comodidad de no batallar. Tal vez es parte de crecer. La cuestión de elegir y asumir lo que nos gusta o nos desagrada de esta vida, y tener el valor de externarlo.

Una vez mi ortodontista (que acá entre nos es como mi psicóloga), me dijo que había personas que eran muy felices ellas solitas. Yo creo que soy de esas personas. Resulta muy difícil emitir palabras cuando le están metiendo mano a la dentadura propia. Creo que por eso la doctora se explaya con la reflexión, jejeje.

Si hay algo que quiero hacer es viajar sola. Ese será uno de mis próximos objetivos. Aguantarme a mi misma unos cuantos días. O regreso más loca o queriéndome más.